
Me va a faltar vida para igualar, con las resinas compuestas, la cantidad de amalgamas que he hecho en mi vida.
Las veo venir de todos lados: pacientes que controlo cada 6 meses, pacientes que se fueron y volvieron, los que vivieron en el extranjero y están de vuelta etc. y si tuviera que hacer un recuento, -que no he hecho de manera que cualquier observación que haga es subjetiva-, diría que, en general, es muy positiva.
También controlo en muy contadas ocasiones, resinas compuestas que tienen la misma edad que la amalgama que ven más arriba, es decir, 27 años. Sin embargo, y subjetivamente de nuevo, tampoco suelo ver en las amalgamas los serios inconvenientes que a veces veo con las primeras. (Resinas compuestas). Y estoy hablando siempre de mi propio trabajo.
Las restauraciones de amalgama: se fracturaban menos, tenían menos filtración marginal, se podían tallar mejor, resistían mejor el impacto y, entre otras cosas cuando terminaba su vida útil, no lo hacía en detrimento de la pieza dentaria.
Sin embargo…
La Reina ha muerto. Viva la Reina!
(Supongo que puedo permitirme esta transgresión a los límites académicos)
Dr. Jorge Garat.
Fotografía: Cámara: Nikon D200, Objetivo: Nikon, MicroNikkor de 105mm, Flash: SB-R200 (tres flashes inalámbricos), TTL, Balance de blancos: Auto, Modo: Manual (M), Diafragma (f). 29, Velocidad: 250, Compensación de exposición: +0, ISO: 250, Metering: Matrix, Procesada desde formato RAW.

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